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15/01/21 Buscando lugares a pesar de la sequia

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El día 26/12, un día después de brindar y a escasas horas de la finalización del peor año para muchos, decidimos ir a pescar…

Había que sacarle el polvo a los equipos, acumulában más de 9 meses sin revolear un solo muñeco al agua. Durante estos meses nos conformábamos con mirar viejas fotos, rememorar anécdotas y tal vez, soñar con que volvíamos a pescar, pero había llegado el día y la ansiedad se hacía notar.

Esta salida la programamos unos 10 días anticipación ya que teníamos la intención de hacer noche en algún lugar para poder aprovechar “la hora mágica”, sin temor a sentirnos cansados para emprender la vuelta. Atento a lo mencionado anteriormente, hicimos una reserva en un complejo de cabañas aledaño y emprendimos nuestro viaje.

El 26/12, siendo las 7am, el equipo de “Pinchando Monos” emprendió viaje hacia el sur de Entre Ríos. Eramos tres: Gabriel Leis, Belén Ronanduano (la persona que nos inspiró a bautizar el equipo de esta manera: sé que se va a enojar al leer esto jaja), y quien les escribe: Nahuel Videla. El cuarto integrante, Christian Spitzer por razones laborales no pudo asistir, pero se tomó revancha hace unos días en el mismo lugar vanagloriandose con un coco de más de 2 Kg.

Ni bien llegamos a nuestros “points” nos encontramos con un panorama desolador, la sequía había hecho estragos en todos los campos. Lugares que habitualmente contaban con más de 1,5 metros de profundidad en su caudal, estaban totalmente secos y cubiertos de espesa vegetación. Llegamos a una casa de campo y golpeamos las manos para preguntar y obtener alguna información, pero el paisano confirmó lo que apreciábamos a simple vista: “Está todo seco“.

Recorrimos interminables metros de tierra convertida en polvo, haciendo de nuestro vehículo blanco un pedazo de tierra con ruedas, sin éxito alguno. Que belleza, ¿ no? Tanto entusiasmo, tanta ansiedad y tanto optimismo para que las esperanzas de levantar un pescado se hagan trizas en cuestión de minutos. No bajamos los brazos, aunque debemos ser sinceros y decir que las caras de felicidad pasaron a ser caras largas.

Recorrimos unos cuantos kilómetros hasta encontrar un claro ideal para la pesca de tarariras. Ni bien llegamos se veía mucha actividad en el agua, chapoteos continuos de las reinas del pantano alimentándose de peces de menor tamaño. Nos pusimos las botas, y quisiera abrir un paréntesis acá; esto es esencial muchachos: los pastizales altos nos vuelven muy vulnerables al ataque de alguna yarará, seamos conscientes y usemos las protecciones necesarias. En cuestión de segundos una salida de esparcimiento puede convertirse en un mal momento.

Después de esto comenzamos con nuestros primeros tiros. La primera media hora se caracterizó por muchos ataques tímidos y erráticos, era imposible clavarlas. Unos minutos después Belén pudo alzar la primera captura con un señuelo blando de superficie. Gabriel y Yo tuvimos pocos ataques, ninguno firme. El calor era intenso, calculamos una temperatura de 32/33 °C y una térmica un tanto más elevada. No teníamos resguardo del sol y esto nos pasó factura. A Belén le bajó un poco la presión, así que decidimos hacer una parada obligatoria.

 

Cargamos nuestras cosas en el auto y empredimos viaje hacia nuestra cabaña. Créanme que estábamos totalmente desmotivados, una sola captura y ya eran las 12 del mediodía. Decidimos aprovechar la costa del río del complejo de cabañas para despuntar el vicio y pescar con carnada, algo que no hacíamos hace mucho tiempo. Todo esto con equipos UL, no mayores a 6 lbs usando tripa de pollo que habíamos comprado en los puestos del complejo Brazo Largo. Para destacar, no conseguimos lombrices, es tanta la sequía que ni los puestos de carnada tenían.

Tuvimos piques continuos, pero eran peces muy chicos. Logramos sacar algunos bagrecitos (tamaño ultra small) y una hermosa vieja del agua. Lógicamente como es costumbre, todos los peces fueron devueltos a su hábitat. Después de pescar un rato, cuando los rayos de sol empezaron a tornarse molestos, decidimos ir a dormir una siesta para volver descansados al espejo de agua que habíamos encontrado por la mañana.

Fue así que tras una siesta reparadora, cargamos nuevamente los equipos y fuimos en busca de la revancha. Ni bien llegamos sabíamos que no la íbamos a tener fácil, a decir verdad, no teníamos muchas expectativas pero las apariencias engañan. Sin darnos cuenta el SHOW HABÍA EMPEZADO!!!. Un pique atrás de otro. A diferencia de la mañana tomaban con muchísima firmeza, así que aprovechamos a pleno cada oportunidad que teníamos. Manqueamos poco y nada, cada pique se convertía en una hermosa pelea, foto y al agua.

Una pesca memorable. Dobletes, tarariras chicas, medianas y alguna que otra de excelente porte. Pero el pique era intermitente, por momentos era un festival y al rato calmaba el frenesí taruchero. Ni bien el pique mermaba, nos movíamos hacia otra zona del espejo y la respuesta del otro lado de la caña no se hacía esperar. Este arroyo no tenía más de 200 metros de extensión, en su mayor parte estaba totalmente tapado por vegetación, pero nos pagó en dólares.

 

Estuvimos pescando desde las 16 hs, aproximadamente. Aprovechamos hasta el último rayo de sol. Todos los piques obtenidos eran con señuelos duros de superficie (ranas, paseantes, paseantes hundidos). Cualquier señuelo que bajara más de 20 cm venía con vegetación en los anzuelos y/o paleta. Contamos más de 30 capturas, todas con devolución como es costumbre. Cuando se hizo la noche decidimos pegar la vuelta, ya que debíamos comprar provisiones para la noche y el camino era muy oscuro.

Nos volvimos muy contentos, transformamos una mañana adversa en una tarde más que fructífera. Ahí es cuando uno entiende el lema “persevera y triunfarás“. Lo que nos desalentó un poco fue que al volver nos encontramos con muchos autos estacionados a la vera de los diferentes charcos y no eran precisamente pescadores deportivos, sino a mi criterio, parte de los irresponsables de siempre.

Por suerte somos cada vez más quienes practicamos pesca deportiva en cualquiera de sus modalidades, y esto nos da un poco de luz al final del tunel.

Muchachos, cuidemos los recursos, llevemos nuestra basura. Cuidemos lo nuestro, sino esto está en manos de nadie. Los controles no existen, es nuestra responsabilidad como pescadores. Para no extenderme más en el relato, al terminar la jornada y comprar los víveres disfrutamos un vacío espectacular a la parrilla, y nos fuimos a dormir.

¡Hasta pronto Entre Ríos, ojalá que este 2021 te regale mucha lluvia! Por la gente que vive del campo, y por nosotros, los pescadores. Daniel y lectores, gracias nuevamente por el espacio, próximamente vamos a iniciar un canal en youtube y será bautizado como “Pinchando Monos“. Una vez iniciado los pondremos al tanto y los invitamos a suscribirse, el apoyo siempre es bienvenido para darle caña al proyecto.

Abrazo grande, gentileza de Nahuel Videla

Sobre el Autor

Senti La Pesca

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